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El éxito de los espacios compartidos

Kensington High, Londres
22Mayo 2015
Mi barrio, mi ciudad
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¿Te imaginas un lugar público sin semáforos, veredas, cruces de peatones y ninguna señal de tránsito? Pues existe, y aparentemente, funciona.

La filosofía del diseño del espacio compartido se basa en que nadie debería tener una prioridad por sobre otro. Por el contrario, la organización se deja en manos de cada una de las personas que hacen uso de ese lugar. Ese es el punto de partida de los “shared urban spaces” (espacios urbanos compartidos).

El término normalmente se utiliza en referencia al diseño de paisajes urbanos, en los que se minimiza la separación entre peatones y vehículos a través de la presencia de un nivel de superficie compartido (sin berma y veredas), y eliminando las señales de control de tráfico.

Estos espacios se vuelven atractivos, propiciando una suerte de humanización al convertirse en espacios de encuentro social y comercial.

Evidentemente estas medidas no pueden ser implementadas de forma generalizada, pero existen múltiples casos de éxito que han logrado una convivencia más equilibrada y armónica entre peatones y vehículos.

Makkinga, un pequeño pueblo holandés, es el precursor de esta tendencia. Cuando la ciudad fue reorganizada hace más de una década, se sacaron todas las señales de tránsito, pero antes de volverlas a incorporar la práctica demostró que no eran necesarias ya que, aún sin ellas, la convivencia funcionaba sin problemas. El éxito se evidenció también en una baja en los accidentes y en una reapropiación del espacio por parte de los habitantes.

Grandes ciudades como Auckland, en Nueva Zelanda, también se han sumado a esta tendencia. En 2011 se implementó en Elliot Street, una calle del centro financiero de la ciudad donde se quitaron veredas y se dejó una única superficie para todos. Como consecuencia, los autos comenzaron a transitar a una velocidad menor, los accidentes disminuyeron y aumentó el número de personas transitando tanto a pie como en bicicleta.

Lo mismo sucede en Reino Unido, donde el mismo Departamento de Transportes creó una guía para la implementación de los espacios compartidos en 2011, describiéndola como una política basada en evidencia que ayudaba a mejorar la calidad de las vías públicas en los lugares donde circulan menos de 100 vehículos al día.

Así, se aplicó esta política a la calle Kensington High en Londres, una calle muy comercial en que se angostaron las pistas, se establecieron nuevos cruces y se dejó un único semáforo. Según un informe posterior, los accidentes se redujeron casi a la mitad, se fomentó el uso de bicicletas, cuyo flujo aumentó en un 30% y el de peatones en un 6%.

De esta forma, la implementación de los espacios compartidos es una tendencia en alza que no solo hace las ciudades más seguras, sino que también ayuda a mejorar la vida ciudadana, ayudando a que la gente se empodere de los espacios públicos.

¿Qué te parece?

Foto por Nacto, vía Flickr.

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