Ingresa a la red de sitios de Almagro y descubre todos los contenidos que tenemos para ti.

La carreta delante de los bueyes

Por: Nicolás Jobet

Sociólogo

logos
17Octubre 2013
Mi barrio, mi ciudad
571

El problema de anteponer una marca por sobre la identidad.

En las últimas semanas se ha generado una gran controversia en torno a la elección de un logo para la ciudad de Santiago. La iniciativa, organizada por más de 10 instituciones, es –de acuerdo a sus propios organizadores– un esfuerzo por ayudar en “la creación y posicionamiento de la imagen de Santiago como destino turístico” para ser promovida en el exterior.

La polémica, que floreció en columnas de opinión, redes sociales, editoriales de diarios de circulación nacional, y que incluso salpicó hasta la campaña presidencial, generó fuertes cuestionamientos a las bases del concurso, por considerarse que la convocatoria a participar no fue todo lo transparente y abierta que se esperaba, polemizando respecto a las alternativas elegidas, por considerarse poco representativas o derechamente antiestéticas.

Las críticas fueron aún mayor cuando se detectó que uno de los diseños elegidos por el jurado debía ser objetado por ser muy similar al logo de la Fundación para la Confianza. La guinda de la cuestión fue el slogan (“Santiago: Siente todo Chile”) que se definió como pie forzado para cualquier alternativa que resultara ganadora, considerándolo profundamente centralista y anti regionalista.

Más allá de todos estos juicios, el mayor problema de la convocatoria, a mi modo de ver, es que no se hacía cargo de la complejidad que involucra la construcción de una imagen-ciudad. En una columna anterior mencionábamos que las identidades no se definen por decreto, sino que son una expresión de la historia, los dolores, la cultura y la vocación de un territorio y su gente. En este caso, da la impresión que la iniciativa no tenía el trabajo introspectivo necesario para llegar satisfactoriamente a puerto. Y probablemente ahí radica parte de la explicación del por qué se criticó tanto: se puso la carreta delante de los bueyes. Primero un logo, una marca, un diseño y luego vemos cómo la identidad se acopla. Es decir, si la identidad de Santiago no calza con su marca, tanto peor para la identidad.

A tanto llegó esta controversia, que el comité organizador decidió tomar medidas. En primer lugar, se amplió el plazo de votación hasta el 27 de octubre, donde se mantienen las dos alternativas finalistas, pero sumando una nueva alternativa de voto: “Ninguna de las anteriores“. Además, se eliminó el slogan que se había propuesto en un comienzo como remate de los logos y se abrió un espacio para que los votantes sugieran uno.

Otra de las aclaraciones del comité –menos mal- fue que la elección de una marca para la ciudad es una entre muchas acciones que se deben impulsar para potenciar turísticamente a la capital, ya que resulta necesario, por sobre todo, “generar el vínculo de identidad con la ciudad para sus propios habitantes”.

Mirando el vaso medio lleno, lo positivo de todo este revuelo es que se logró mayor atención sobre un proceso que es relevante para la ciudad. Es de esperar que estas críticas ayuden a que Santiago sea más atractiva para los turistas pero, especialmente, para sus propios habitantes.

Comenta sobre este artículo

Relacionados