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La máquina del tiempo

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5Marzo 2015
Mi barrio, mi ciudad
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El entrañable Persa Biobío ha logrado modernizar su oferta manteniendo intacta su esencia de mercado.

“Ir al Persa tiene la misma magia que cuando una va al desván, lo abre después de mucho tiempo y se produce un reencuentro con cosas que a pesar de tener muchos años, vuelven a ser nuevas. En el fondo, es un reencuentro con uno mismo”.

Con estas palabras el cronista y poeta Roberto Merino resume el encanto tras el Persa Biobío, el mercado compra y venta de artículos más fascinante de la capital, y un verdadero patrimonio cultural de Santiago.

Más allá de buscar algo material, quienes llegan hasta este mercado –ubicado en el límite de las comunas de Santiago y San Miguel– lo hacen en busca de una experiencia, la necesidad de encontrar entre cientos de objetos algo valioso e inesperado. Algo que para muchos puede no tener ningún valor, para otros es un tesoro entrañable que siempre es bienvenido en el hogar.

Lo que comenzó como un movimiento de comercio ambulante a inicio de los años ‘80, hoy se ve consolidado e incluso ha expandido su oferta en varios pequeños persas diferentes. Uno de ellos es la Factoría Santa Rosa, el denominado “Persa del Arte”, donde artistas comercializan sus obras a precios accesibles. También han proliferado las alternativas culinarias con platos típicos de México, Colombia y Perú.

Pero, a pesar de haber ido renovando su oferta en el tiempo, este espacio ha logrado mantener por más de tres décadas su esencia intacta: bajos precios, miles de historias y muchas sorpresas.

Conoce las historias más interesantes tras los galpones y personajes que dan vida al Persa Biobío en una nueva edición de Revista En Altura.

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