Ingresa a la red de sitios de Almagro y descubre todos los contenidos que tenemos para ti.

Verticalidad

Por: Nicolás Jobet

Sociólogo

City Buildings
5Agosto 2014
Mi barrio, mi ciudad
480

A propósito de los 30 años desde la masificación de la construcción en altura en Chile.

En el marco del seminario “Santiago Vertical: 30 años”, realizado el pasado viernes 1 de agosto en CasaPiedra, se abrió un interesante espacio de reflexión en torno a la verticalidad en la ciudad. La charla se estructuró para conmemorar los 30 años desde la masificación en nuestro país de la construcción en altura.

La primera pregunta que surgió en el seminario fue qué entendemos por verticalidad. La respuesta natural es construcciones en altura, es decir, edificios residenciales y de oficinas. Sin embargo, una de las principales reflexiones –y desafíos- que se plantearon en el seminario tiene que ver con que la verticalidad es tanto hacia arriba como hacia abajo. En otras palabras, en ciudades crecientemente densas como Santiago, el desarrollo del subsuelo también es una variable que se debe tener en consideración cuando pensamos en construcciones verticales. Y no sólo para estacionamientos, como se ha hecho principalmente en nuestro país.

Otra de las consideraciones interesantes que se mencionaron, es lo que el arquitecto español Luis Alonso -del estudio internacional de arquitectura Alonso y Balaguer- llamó la “promiscuidad funcional”. Este concepto se refiere al imperativo de desarrollar proyectos con un uso mixto, donde conviva lo residencial con lo comercial, la hotelería, la oferta cultural y, por qué no, incluso el espacio público en altura. Esto último constituye una innovación interesante de tener en cuenta para la realidad local, donde la falta de programación urbana en lo que respecta a las áreas verdes podría verse atenuada en alguna medida con espacios públicos en azoteas.

Finalmente, un punto central que fue levantado a lo largo de las exposiciones dice relación con los beneficios que entrega una ciudad densa y vertical. Edward Gleaser, en su libro “El Triunfo de las Ciudades”, hace una revisión exhaustiva de todos las externalidades positivas que tienen las ciudades densas en comparación con aquellas que crecen como mancha de aceite: mayor prosperidad económica, más creatividad e innovación, mayor eficiencia en el uso de los recursos energéticos, menor contaminación, e incluso beneficios de salud y felicidad. Pues bien, estos aspectos también corren para Santiago, que en las últimas tres décadas efectivamente se ha transformado -a pesar de todos los déficits que aún acarrea- en un mejor lugar para vivir.

Comenta sobre este artículo

Relacionados